Filocafé de 16 Aniversario: ¿qué significa ser potosino?
- Víctor Hugo Galván Sánchez
- 20 nov 2025
- 3 Min. de lectura
Ser potosino es habitar una contradicción: un territorio donde la riqueza histórica y cultural contrasta con una apatía social profundamente arraigada. San Luis Potosí, fundado sobre la resistencia indígena de huachichiles, nahuas y xi’oi-pames, y moldeado por la explotación minera del Cerro de San Pedro, carga con un legado de lucha y sumisión. Hoy, su identidad se debate entre el orgullo por tradiciones centenarias y una tendencia a eludir lo político y lo social.
La historia potosina es un microcosmos de México. Sus raíces indígenas —especialmente la resistencia huachichil— simbolizan una tenacidad que persistió incluso ante la colonización española. La minería, eje económico de la Nueva España, implantó una estructura social jerárquica donde la riqueza coexistió con la explotación. Este pasado minero no solo definió la economía, sino también una mentalidad: la de quien trabaja en silencio pero evita cuestionar el poder. En la Independencia y la Revolución, Potosí fue escenario de rebeldes como Ponciano Arriaga, quien defendió los derechos sociales en la Constitución de 1857. Sin embargo, esa tradición de lucha parece haberse diluido en la modernidad, reemplazada por un conservadurismo que privilegia la estabilidad sobre la justicia.
El "potosinazo" —ese acto de eludir a un conocido en la calle— es más que una anécdota; es una metáfora de la relación del potosino con lo público. Filosóficamente, podría interpretarse como una forma de hedonismo social: la preferencia por la comodidad privada sobre el compromiso colectivo. Schopenhauer, al hablar de la "voluntad de vivir", advirtió cómo el individuo prioriza su bienestar inmediato, incluso a costa de aislarse. En San Luis Potosí, esto se traduce en una evitación de la polémica y una adhesión a normas sociales rígidas. Así, lo "potosino" se define por una paradoja: una devoción colectiva a tradiciones que enmascara una incapacidad para dialogar con lo diferente.
La filosofía política exige que la identidad no sea solo un reflejo del pasado, sino un proyecto ético hacia el futuro. Rousseau, en El contrato social, insistió en que la verdadera ciudadanía implica participar activamente en lo común. En Potosí, sin embargo, la permisividad ante problemas como la desigualdad o la corrupción sugiere una falla en este contrato. Ser potosino, entonces, debería implicar una responsabilidad histórica: reconocer que la minería explotó a miles, que la Independencia se luchó por derechos, y que hoy esa lucha debe continuar en forma de exigencia democrática. La apatía no es neutral; es una complicidad con el statu quo.
La identidad no es estática. Potosí puede rescatarse de su propio "potosinazo" colectivo si transforma su tradición en acción. Las festividades patronales, por ejemplo, podrían ser espacios de cohesión social, una ética de solidaridad, no de exclusión .Las nuevas generaciones tienen la tarea de re-definir lo potosino: honrar la historia sin caer en la nostalgia, y enfrentar problemas actuales con la misma tenacidad que los huachichiles. Esto exige, en términos sartreanos, asumir la libertad responsable de elegir quiénes somos y qué queremos ser.
Ser potosino es, en esencia, cargar con una herencia de silencio y resistencia. Pero la identidad auténtica no evade el conflicto; lo abraza para transformarlo. La filosofía nos llama a superar la comodidad de la evasión y a construir una comunidad donde el "potosinazo" sea reemplazado por un encuentro crítico y solidario, en donde voletemos a ver la periferia y sabernos mercedores de una tradición náhuatl, tének, y xi oi de nuestras cuatro regiones del Estado. En el 16° aniversario de este Café Filosófico, la pregunta no es solo qué significa ser potosino, sino qué estamos dispuestos a hacer para que esa identidad se convierta en un proyecto de justicia y no de mera conservación.
Preguntas detonantes:
¿Cómo carga el potosino actual con el legado de resistencia huachichil y la sumisión impuesta por la minería?, ¿la identidad potosina se define más por lo que celebra (fiestas patronales) o por lo que calla (desigualdades históricas)?, ¿puede existir una identidad auténticamente potosina que no reconozca y abrace plenamente sus raíces náhuatl, tének y xi'oi?, el "potosinazo", ¿es un acto de indiferencia, una forma de protección social, o un síntoma de una comunidad fragmentada?, Filosóficamente, ¿evitar el conflicto y participación social es una elección pacífica o una forma de permisividad que alimenta los problemas?, ¿la profunda fe católica en San Luis Potosí es un pilar de la comunidad o una barrera al pensamiento crítico y la diversidad de ideas?, ¿cómo se puede conciliar el respeto por las tradiciones con la necesidad de progreso social y crítica constructiva?, Ser "potosino", ¿implica una responsabilidad civil y social inherente?, si fuera el caso; ¿en qué consiste exactamente esa responsabilidad?, ¿Por qué la identidad "potosina" parece centrarse tanto en la capital, ignorando la realidad y las tradiciones de las cuatro regiones?, ¿qué pierde la identidad con esto?, Voltear a ver la periferia, ¿es un acto de justicia histórica o una necesidad para construir una identidad verdaderamente estatal? Y ¿proyectar una identidad hacia el futuro debe centrarse en preservar la tradición o en transformarla para generar justicia?

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